IIRP Graduate School
531 Main St.
PO Box 229
Bethlehem, Pennsylvania
18016 USA
(610) 807-9221 | Email

Article Detail

Justicia Restaurativa en la Vida Cotidiana: Más Allá del Ritual Formal
Ted Wachtel, President, International Institute for Restorative Practices, Bethlehem, Pennsylvania, USA

Posted 1999-02-18

Related Links
» Justicia Restaurativa en la Vida Cotidiana: Más Allá del Ritual Formal (PDF)

Documento presentado en la Conferencia “Reconfigurando las Instituciones Australianas: Justicia Restaurativa y Sociedad Civil,” The Australian National University, Canberra, Febrero 16-18, 1999

In English     En Español

El castigo, como respuesta al delito y otras formas existentes de mal comportamiento, es la práctica prevaleciente, tanto en los sistemas de justicia penal, así como en la mayoría de las sociedades modernas. El castigo normalmente se ve como la respuesta más apropiada al delito y al mal comportamiento en las escuelas, familias y lugares de trabajo. Aquellos que no castigan a ni–os traviesos y jóvenes, y adultos que se portan mal, son etiquetados como “permisivos”.


Figura 1. Espectro Punitivo-Permisivo

El espectro punitivo-permisivo (Figura 1) muestra la perspectiva popular actual, con respecto al castigo y la disciplina, pero ofrece una visión sumamente limitada y con escasas opciones para castigar o no. En este caso la única variable existente es la severidad del castigo, así como el valor de la multa o la duración de la sentencia. No obstante, podemos obtener una solución más útil de la disciplina social, cuando observamos la interacción entre dos variables de carácter positivo como lo es el control y el apoyo.

Definimos “control” como disciplina o aplicación de límites, y “apoyo” como la capacidad de animar o nutrir. Ahora, habiendo definido estos términos podemos combinar niveles altos o bajos de control con niveles altos o bajos de apoyo para identificar cuatro abordajes generales de disciplina social: negligente, permisivo, punitivo (o retributivo) y restaurativo.[1]

Incluimos el espectro tradicional punitivo-permisivo dentro de este marco más comprensivo. El abordaje permisivo (área hacia abajo y a la derecha de la Figura 2) está compuesto de bajo control y alto apoyo, es decir, una carencia de establecer límites y una abundancia de apoyo. Al contrario del abordaje permisivo (área hacia arriba y a la izquierda de la Figura 2) también se encuentra el abordaje punitivo (o retributivo) que es alto en control y bajo en apoyo. Lamentablemente, las escuelas, los tribunales de los Estados Unidos y otros países se han dado a la tarea, de promover cada vez mas el abordaje punitivo, suspendiendo o expulsando a los estudiantes y enviando ciudadanos a las prisiones mas que antes. El tercer abordaje, definido como negligente, (área hacia abajo y a la izquierda de la Figura 2) se produce cuando se presenta la ausencia, en el establecimiento de los limites y de la tutela

La cuarta posibilidad es la restaurativa (área hacia arriba y a la derecha de la Figura 2), que es el abordaje a la disciplina social que nos reúne a todos en esta conferencia. Usando tanto un alto nivel de control como de apoyo, el abordaje restaurativo confronta y desaprueba el mal comportamiento mientras que apoya y valoriza el valor intrínseco del sujeto.

Al usar la palabra “control” estamos promoviendo un alto control del mal comportamiento, no el control de seres humanos en general. Nuestra meta en última instancia es la libertad del tipo de control que delincuentes imponen sobre los demás.


Figura 2. Ventana de la Disciplina Social

Esta ventana de la disciplina social puede ser usada para representar los estilos de disciplina de padres a hijos. Por ejemplo, hay padres negligentes que están ausentes o son abusivos y padres permisivos que son ineficaces o que lo permiten todo. El término “autoritario” se ha usado para describir al padre que castiga, mientras que el padre que es restaurativo se le ha llamado “autoritativo” [2] Es más, podemos aplicar los términos de John Braithwaite a la ventana” respuestas “estigmatizantes” al mal comportamiento son punitivos mientras que las respuestas “reintegrativas” son restaurativas. [3]

Algunas palabras claves – NO, PARA, CONTRA y CON – han ayudado a clarificar estos abordajes para nuestro personal en las escuelas y hogares de grupo de la Community Service Foundation. Si fuéramos negligentes con los jóvenes perturbados en los programas, NO haríamos nada en respuesta a su conducta inapropiada. Si fuéramos permisivos, no haríamos nada PARA ellos y esperaríamos poco de ellos. Si fuéramos punitivos, responderíamos haciendo algo CONTRA ellos. Pero al responder de una forma restaurativa, hacemos cosas CON ellos y los involucramos en el proceso. Un elemento crítico del abordaje restaurativo es que, donde sea posible, el “CON” incluye a víctimas, familia, amigos y la comunidad, es decir, aquellos que han sido afectados por el comportamiento del victimario.

Aunque el abordaje restaurativo a la disciplina social amplía nuestras opciones más allá del espectro tradicional punitivo-permisivo, la implementación de la justicia restaurativa hasta la fecha se ha visto muy restringida. Nuestro concepto de la justicia restaurativa está confinado a solo algunos programas como proyectos de servicio comunitario dise–ados para reintegrar a victimarios y rituales formales como la mediación víctima-victimario, círculos de sentencia y reuniones restaurativas.

John Braithwaite, en su presentación a la Primera Conferencia Norte Americana sobre Reuniones Restaurativas, declaró que “la justicia restaurativa nunca se tornará una corriente principal alternativa a la justicia retributiva al menos de que programas de desarrollo e investigación muestren que tienen la capacidad para reducir el delito.”[4] Si eso es cierto, entonces temo que la justicia restaurativa está condenada a un rol periférico a los márgenes de la justicia penal y de los sistemas de disciplina de las escuelas. Tenemos toda clase de evidencia de que víctimas, victimarios y sus respectivos apoyadores encuentran las dinámicas de la justicia restaurativa satisfactorias y Justas, pero aún tenemos que demostrar de forma conclusiva que cualquier dinámica de la justicia restaurativa reduce los índices de reincidencia o previene el delito de alguna forma.

A pesar de apoyar las reuniones restaurativas, sería crédulo de mi parte pensar que un solo tipo de intervención restaurativo puede cambiar el comportamiento y el pensar de delincuentes y de jóvenes de alto riesgo que participan en los programas de terapia, educación y residenciales de nuestra agencia. Sin embargo, tenemos la experiencia de cambios positivo significativos en el comportamiento por parte de estos jóvenes cuando participan en nuestros programas. Esto es porque, como dijo Terry O’Connell (el policía que desarrollo los modelos con manual para reuniones restaurativas), cuando visitó una de nuestras escuelas en 1995,”Ustedes están implementando una reunión restaurativa todo el día.” Me ha tomado varios a–os para apreciar completamente este comentario. Aunque nunca usamos el término justicia restaurativa”, ahora reconocemos que hemos creado un ambiente caracterizado por el uso cotidiano de una amplia gama de prácticas formales e informales de la justicia restaurativa.


Figura 3. Espectro de Prácticas Restaurativas

El término “práctica restaurativa” incluye toda respuesta al mal comportamiento que recae dentro de parámetros definidos por nuestra ventana de disciplina social como tanto apoyador y establecedor de límites. Una vez que examinemos posibilidades, vemos que son virtualmente ilimitados. Para ilustrar, ofrecemos ejemplos cotidianos en nuestras escuelas y hogares de grupo y las colocamos junto con prácticas restaurativas en el espectro (Figura 3). Moviéndonos de izquierda a derecha del espectro, las intervenciones restaurativas se tornan más formales involucrando más personas, más planificación, más tiempo, son más completas en responder al delito, más estructuradas, y debido a todos esos factores, pueden tener mayor impacto sobre el victimario.

En el extremo izquierdo del espectro hay una respuesta simple afectiva en donde la persona que ha sufrido el mal informa al victimario como se siente sobre el incidente. Por ejemplo, uno de nuestros miembros de personal puede decir, “Jason, realmente heriste mis sentimientos cuando actuaste de esa forma. Y me sorprende, porque no creo que quieras herir a ninguna persona.” Y eso es todo lo que se dice. Si un comportamiento similar acontece, podemos repetir la respuesta o intentar una intervención restaurativa diferente, talvez preguntar, “Como crees que se sintió Mark cuando hiciste eso?” y después esperar pacientemente por una respuesta.

En medio del espectro hay una peque–a reunión que sucede sin planear. Estaba con nuestro director del programa residencial hace algunas semanas, esperando el fallo de una corte sobre colocar a un joven de 14 a–os en unos de nuestros hogares de grupo. Su abuela nos dijo como en vísperas de la Navidad, hace algunos días, había ido a la casa de un primo sin pedir permiso y sin dejarle saber lo que hacía. No regresó sino hasta la siguiente ma–ana, apenas a tiempo para poder tomar el auto bus a la casa de su hermana para celebrar la cena navide–a. El director consiguió que la abuela hablara sobre como aquel incidente la había afectado y como se había preocupado por su nieto. El joven se sorprendió de cuan profundamente había afectado su comportamiento a su abuela. Le pidió perdón inmediatamente.

Cerca del extremo derecho del espectro hay un proceso formal de grupo más grande pero sin ser una reunión restaurativa formal. Dos ni–os se pelearon a golpes recientemente, lo cual es un evento poco común en nuestras escuelas. Cuando terminó la pelea, los padres fueron llamados para venir a recoger a sus hijos. Si los ni–os querían regresar a la escuela, cada ni–o tenía que llamar por teléfono y pedir una oportunidad para convencer al personal y a los otros estudiantes de que le permitieran regresar. Ambos ni–os llamaron y regresaron a la escuela. Uno rehusó aceptar responsabilidad y tenía una actitud desafiante. No fue readmitido. El otro se comportó de forma humilde e inclusive lloraba. Escuchó atentamente mientras el personal y los estudiantes le explicaban como los había afectado. El muchacho tomó responsabilidad por su comportamiento y recibió halagos por la forma en que se comportó durante la reunión. Fue readmitido y no se tomaron mayores medidas. El otro ni–o fue colocado en el centro de detención juvenil por el oficial de libertad vigilada. Idealmente, será un candidato para la reunión familiar restaurativa.

Frecuentemente creamos intervenciones informales restaurativas simplemente al indagar a los victimarios con preguntas que están incluidas en una reunión restaurativa formal. “ÀQué pasó?” “ÀEn que estaba pensando cuando ocurrió el incidente?” “ÀQuién piensa que ha sido afectado?” “ÀCómo han sido afectados?” Donde sea posible, les proveemos a aquellos que han sido afectados la oportunidad de expresar sus sentimientos a los victimarios. El resultado acumulativo de todo este intercambio afectivo en una escuela es mucho más productivo que rega–os, amenazas, advertencias, detenciones, suspensiones o expulsiones. Nuestros maestros nos dicen que el comportamiento dentro de las aulas en nuestras escuelas para jóvenes perturbados es mucho mejor que en las escuelas públicas locales. Pero de forma muy interesante, raramente facilitamos reuniones restaurativas formales. Hemos encontrado que entre más nos apoyemos en prácticas restaurativas informales en lo cotidiano, menos necesidad tenemos de rituales formales restaurativos.

La justicia restaurativa es una filosofía, no un modelo, y debe guiar la forma en que actuamos en todas las áreas de nuestras vidas. Siguiendo ese espíritu, la Community Service Foundation usa las prácticas de la justicia restaurativa para resolver conflictos entre el personal. Como director, trato de promover un ambiente en donde el personal se sienta libre de expresar sus preocupaciones y sus críticas de mí y de otros supervisores. También asumo la responsabilidad por alguna conducta inapropiada de mi parte y encaro las dificultades con el personal de una forma restaurativa.

El a–o pasado nuestro personal se involucró en un conflicto que estaba desorganizando el lugar de trabajo. Me sentía suficientemente alejado de la situación para actuar como facilitador de una reunión restaurativa para lidiar con este conflicto que estaba aumentando cada vez más. En la reunión restaurativa no había un malhechor claramente identificado. Esta vez, cuando invite a los participantes a la reunión, le pedí a cada uno que asumiera la responsabilidad por su parte en el conflicto y les aseguré que les estaba pidiendo lo mismo a todos. Me animó bastante que muchas personas revelaran lo que sentían y pensaban de forma honesta en la discusión preliminar con cada participante y sentí bastante confianza de que la reunión sería un éxito. De hecho, sobrepasó mis expectativas. No solo se llevó acabo mucha sanación cuando nos reunimos, sino varios individuos hicieron planes para reunirse cara a cara para resolver sus diferencias. Hasta donde yo se el conflicto ya es historia y ahora este no es un factor negativo en el lugar de trabajo.

Las practicas de justicia restaurativa son contagiosas pasando del lugar de trabajo a nuestros hogares. Un miembro nuevo del personal, me dijo recientemente como ella, su esposo y su hijo menor confrontaron de forma restaurativa al hijo mayor que es un joven que había comenzado a trabajar recientemente. Le dijeron como les molestaba que no se pudiera despertar a tiempo en la ma–ana. El padre y la madre expresaron su vergüenza de que su hijo había llegado tarde al trabajo en una compa–ía donde ellos conocían a muchos de sus compa–eros de trabajo. Insistieron que se estaban apartando del problema. Si el hijo perdía su empleo, ya no era problema de ellos, sino de él. Como resultado de esta reunión familiar informal, el joven ahora usa tres alarmas y llega al trabajo a tiempo.

“La justicia restaurativa es una filosofía, no un modelo, y debe guiarnos en la manera que actuemos en todas las áreas de nuestras vidas.”

Un policía que había sido capacitado en las reuniones restaurativas compartió, como había confrontado a su hijo menor que había roto un pedazo de papel tapiz usando preguntas de la reunión restaurativa. El chico mostró gran remordimiento y reconoció que había lastimado a su madre a quien le encantaba el papel tapiz y al trabajador que había colocado el papel tapiz. El padre se sintió satisfecho de que la intervención había sido más efectiva que un rega–o o un castigo.

Un policía implementaba una variación de la reunión familiar restaurativa con una disputa entre vecinos sobre un perro que ladraba; otro policía organizó una reunión restaurativa improvisada en el portón entre un due–o de casa y un adolescente que le había robado una decoración de jardín. Otro policía más organizó una reunión restaurativa para las familias de dos muchachos que se habían fugado, ayudando a los adolescentes a entender cuanto habían lastimado a sus familias con sus acciones, a pesar de que no habían cometido algún delito que típicamente involucraría a un oficial de la policía. Un asistente de un director de una escuela hizo que dos adolescentes que estaban a punto de pelearse, se dijeran el uno al otro como se estaban sintiendo y logró que resolvieran su conflicto. Un oficial penitenciario encaró la furia de un privado de libertad usando una reunión restaurativa. Un trabajador social consiguió que miembros de una familia se hablarán de forma honesta sobre el absentismo de un adolescente y consiguió que el joven fuera a la escuela. Más allá del ritual formal de la justicia penal hay una infinidad de oportunidades para las intervenciones restaurativas.

Para que las prácticas restaurativas efectivamente cambien el comportamiento del victimario, tratamos de hacer lo siguiente:

1. Concienciar. En la intervención más básica simplemente le hacemos algunas preguntas al victimario para concienciarlo sobre como han sido afectados los demás por su comportamiento. Ó podemos expresar nuestros sentimientos al victimario. En intervenciones más elaboradas proveemos la oportunidad para que otros expresen su sentimiento a los victimarios.

2. Evitar rega–os. Cuando los victimarios son expuestos a los sentimientos de otros y descubren como han sido afectadas las víctimas y otros por sus acciones, sienten empatía por otros. Cuando son rega–ados reaccionan de forma defensiva. Se consideran víctimas y no se dan cuenta de los sentimientos de otros.

3. Involucrar a victimarios activamente. Frecuentemente tratamos de que los victimarios asuman responsabilidad castigándolos. Pero en una intervención punitiva, los victimarios son sujetos totalmente pasivos. Se callan y actúan como víctimas. En una intervención restaurativa, a los victimarios normalmente se les pide que hablen. Tienen que enfrentarse a víctimas y escuchar de otros como han sido afectados. Ayudan a decidir como se va reparar e da–o causado y tienen que mantener dichos compromisos. Los victimarios tienen un papel activo en el proceso restaurativo y realmente asumen responsabilidad.

4. Acepte la ambigüedad. A veces en un conflicto entre dos personas la culpa no se puede atribuir claramente a una de ellas. En esos casos tenemos que aceptar la ambigüedad. En privado, antes de que de inicio la reunión restaurativa animamos a que los individuos asuman al máximo su propia responsabilidad en el conflicto. Aun cuando victimarios no aceptan completamente su responsabilidad, las víctimas quieren proceder con el proceso. Mientras que todos estén completamente informados sobre la ambigüedad de la situación por adelantado, la decisión para proceder con la intervención restaurativa le pertenece a los participantes.

5. Separe el acto de la persona que comete el acto. En una intervención informal, ya sea de forma privada con los victimarios o de forma pública después de que las victimas sienten alguna resolución, podemos expresar que asumimos que el victimario no tenía la intención de da–ar a nadie o que nos sorprende que hagan algo así. Cuando sea apropiado, podemos citar algunas de sus virtudes o las cosas que han logrado. Queremos se–alizar que reconocemos el valor del victimario y desaprobamos de su comportamiento.

6. Vea cada instancia de mal comportamiento y conflicto como una oportunidad para aprender. El maestro en el aula, el policía en la comunidad, el oficial de libertad vigilada con sus casos, el oficial penitenciario en la prisión, todos tienen oportunidades para modelar y ense–ar. Podemos tornar incidentes negativos en evento constructivos – construir la empatía y el sentido de comunidad que reducen la probabilidad de incidentes negativos en el futuro.

No estoy hablando de forma teorética u optimista. Estoy hablando de mi experiencia con nuestras escuelas y hogares de grupo. Los tribunales juveniles y escuelas de nuestro país nos envían 250 de sus jóvenes perturbados en cualquier momento. Gracias a las prácticas restaurativas, cambian sus comportamientos, cooperan, asumen roles de liderazgo positivo y se confrontan mutuamente sobre su comportamiento inapropiado.

Carecía de una forma adecuada de expresar porque estos cambios ocurrían, hasta que me encontré con el concepto de la justicia restaurativa. Actualmente estamos implementando un proyecto de investigación para evaluar de forma más específica como las prácticas restaurativas de nuestra agencia impactan a los jóvenes, que cambia específicamente y hasta que grado esos cambios se pueden sostener después de que salen de nuestras instituciones nuestros estudiantes y clientes. Pero les puedo asegurar que algo positivo está aconteciendo como resultado de una implementación sistemática de las prácticas restaurativas en lo que pudiera ser un ambiente muy desafiante y negativo.

“No se puede tener a unas cuantas personas implementando reuniones restaurativas y todos los demás actuando de la forma que siempre lo han hecho.”

La Community Service Foundation es una agencia que patrocina el programa Real Justice (justicia real) internacionalmente y ha subsidiado sus esfuerzos durante los últimos cuatro a–os. Hemos capacitado a más de 3000 personas en reuniones restaurativas y hemos encontrado que muchas de las personas capacitadas nunca llegan a facilitar una reunión restaurativa. Algunos vacilan en facilitar una reunión restaurativa formal porque tienen miedo. Muchos no tienen la autoridad para desviarse de procedimientos y sanciones existentes, como las políticas de cero tolerancia en las escuelas. Así que un gran número de personas han implementado prácticas restaurativas de manera informal en las formas que hemos descrito anteriormente.

En los últimos meses Real Justice ha adicionado el concepto de prácticas restaurativas a sus capacitaciones, específicamente animando a las personas a intentar intervenciones menos formales cuando no pueden facilitar reuniones restaurativas. La idea ha sido bien recibida. Por ejemplo, educadores que declaran no tener tiempo para una reunión restaurativa formal responden de forma entusiasta a estrategias restaurativas más espontáneas. Real Justice está trabajando directamente con el distrito escolar local para capacitar a sus maestros en prácticas restaurativas informales que puedan usar con problemas disciplinarios que ocurren diariamente en las aulas.

Todos sabemos que el mundo solo cambiará de forma lenta e imperfecta. No nos podemos dar el lujo de ser irrealistas o utópicos. Tenemos que ser flexibles y experimentar.

Algunas personas piensan que los policías no deberían estar facilitando reuniones restaurativas como parte de su rol profesional y otros creen que los voluntarios son los únicos suficientemente neutrales para facilitar reuniones restaurativas de justicia penal o mediaciones. Seguramente las personas que sostienen tal perspectiva lo hacen por tener buenas rezones, pero nuestra experiencia con justicia restaurativa ha sido demasiada escasa para fijar tales límites. Debemos permitirnos ir más allá del encuadre limitado del ritual formal y reconocer las posibilidades más amplias, permitiendo a todos usar las prácticas restaurativas libremente en su trabajo.

Si los sistemas no son netamente restaurativos, entonces no pueden esperar producir cambio simplemente al proveer una intervención restaurativa ocasional. Las prácticas restaurativas deben ser sistemáticas y no situacionales. No se puede tener a unas cuantas personas implementando reuniones restaurativas y todos los demás actuando de la forma que siempre lo han hecho. No se puede ser restaurativo con estudiantes pero retributivo con los maestros. No se puede tener un policía punitivo y tribunales restaurativos. Para reducir la subcultura negativa que existe entre nuestros jóvenes, para prevenir el delito de forma exitosa y para lograr cambio sostenible y significativo, la justicia restaurativa debe ser percibida como un movimiento social dedicado a hacer que las prácticas restaurativas sean una parte integral de lo cotidiano.

Notas

[1] Adaptado por by Paul McCold y Ted Wachtel de Daniel Glaser, The Effectiveness of a Prison and Parole System, Indianapolis, Indiana: Bobbs-Merrill, pp. 289-297, 1969.

[2] Diana Baumrind presentando un estudio en la reunión anual de la American Psychological Association en 1989, New Orleans, Louisiana, como fue reportado por B. Bower, “Teenagers reap broad benefits from ‘authoritative’ parents,” Science News, Vol.136, Agosto 19, 1989.

[3] John Braithwaite, Crime, Shame and Reintegration, New York: Cambridge University Press, 1989.

[4] John Braithwaite, “Linking Crime Prevention to Restorative Justice,” presentado en la First North American Conference on Conferencing, Minneapolis, Minnesota, 6 a 8 de agosto de 1998.